Ir a Bélgica y no probar sus magníficas cervezas debería considerarse pecado mortal, y apuesto a que está registrado en algún rincón de los mandamientos de su Tallarinesca Santidad el MEV. Sin embargo, puedo decir con satisfacción que cerveza no faltó por estos lares, y siempre de las mejores. Lamentablemente, y como quedó allí demostrado, mi olfato no sirve en absoluto para la cata, y no pude pasar de aprender a distinguir los olores -y sabores- del lúpulo y el cereal tostado, y distinguir las cervezas de temporada -más fresquitas- de las normales. No pude hacer justicia, por lo tanto, a esa Primus Iorus casera que nos sirvió nuestro anfitrión Jorge -más allá de captar que estaba rica-, aunque pudimos contar con la maravillosa Nariz de Oro de nuestro acompañante Maikel, que demostró tino con la pituitaria… a pesar de ser abstemio.

Como no saber distinguir sabores no es ápice para disfrutar cervezas, puedo afirmar que me hayo enamorada de la Quercus que pude saborear en el bar diminuto y encantador, con una colección de brebajes impresionante y varios gatos altaneros rondando, que es Kulminator. Puedo afirmar también que el Belgium Beer Weekend de Bruselas es un paraíso para los amantes de este brebaje de dioses, hasta el punto de que por primera vez vi cómo los de dentro de un recinto vallado lanzaban cacahuetes a los de fuera -que por diez minutos se quedaron sin entrar, y tuvieron que contentarse con unos tragos clandestinos mientras Seguridad hacía la vista gorda -. Sipe, tuvimos mala suerte ese día, aunque orgullosa me siento, que un cacahuete alcancé, y después de varias cervezas la puntería desde dentro no era precisa que digamos, jejeje. Sin embargo, al alcohol también se unía la prudencia, y pocos puestos más allá los amigos BOB, aquellos que no beberían para llevar sanos y salvos a sus compañeros a casa, pasaban su prueba de la alcoholemia y se hacían las fotos de honor del festival.
Así, la estancia pasó en una Babel formada por gente estupenda, y aliñada por los grupos de música variados -tanto, que hasta oímos cantar en vasco- que con su buen humor te alegraban cuando los cielos están grises, que decía la canción.
Para muestra un botón, grabado allí por la mañana.
Y todo en el marco incomparable de la Grand Place de Bruselas.
Y a pesar del adoquín del suelo. ^_^
http://www.youtube.com/watch?v=o0uSIkEIFfg