Tenía pendiente escribir algún artículo sobre este personaje desde hace bastante tiempo, una de las personalidades de ficción más carismáticas y más representadas en los medios que conozco y, personalmente, una de mis favoritas. Sería largo explicar como desde niña -en dibujos animados-, y a lo largo de muchos años -en novelas, películas y series- la ciencia deductiva de Sherlock Holmes ha sido siempre una atracción difícil de rechazar, por esperpéntica y extraña que fuera la presentación. Por eso recibí con tanta alegría la renovada resurrección del mito en la adaptación de Guy Ritchie a pesar del recelo que suelo tener hacia las mismas.
El motivo de ese recelo es que he leído/visto muchas “adaptaciones” del personaje, algunas de las cuales supusieron auténticos traumas
. Sherlocks peleando hombro con hombro con Superman. Watsons estúpidos a más no poder representados por abuelitos chochos, viejos verdes y tragaldabas. Hasta estúpidos y egocéntricos “Herlock Sholmes” como los que describía Maurice Leblanc en sus historias de Arsenio Lupin, acompañados de patéticos “Doctores Wilsons”. Es decir, esperaba cualquier cosa de Ritchie (a pesar de que es otro de mis directores favoritos) pero no me esperaba que representara tan bien el espíritu de camaradería de Holmes y Watson, la excentricidad y los vicios de Holmes y fuera todo lo fiel al carácter del personaje que la moral cinematográfica de las superproducciones le permitían.
Muchas veces nos pintan a Holmes como a un sesudo y cerebral caballero inglés, pero Holmes era un maníaco depresivo adicto a la acción y la cocaína en solución al 0,7%, egocéntrico, asocial, misógino, excéntrico, desordenado, arrogante e intratable. Y Watson, el viejo doctor que hace de continua comparsa cómica en la mayor parte de películas del género, era para Doyle un veterano médico militar de las Indias Orientales, un hombre de acción leal hasta la muerte, apenas un par de años mayor que su compañero de piso, cuyo revólver estaba siempre a mano cuando había que meterse de lleno en la investigación de un caso. Me gusta reivindicar a Watson. Su imagen ha sido tan maltratada…
Por eso, independientemente de la aventura palomitera, de ciertas caracterizaciones y las correcciones políticas, considero que el Holmes de Guy Ritchie es más fiel al Holmes de Doyle que todos los Basil Rathbone y Peter Cushings del siglo pasado, aunque sea su imagen la que haya sido fijada en nuestras mentes por repetición. Y por ese motivo, me gusta cuando una adaptación de Sherlock Holmes va más allá de la pipa, la lupa y el sombrero de cazador y se centra en el auténtico espíritu del personaje. Como, por ejemplo, en “Sherlock”.
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La nueva serie que acaba de lanzar BBC, y que todavía no está disponible por métodos ordinarios, se pasa por el forro de los gayumbos el cliché. Y es que un Sherlock Holmes con pipa, lupa y gorro de cazador no tiene cabida en las calles del Londres de 2010.
“Sherlock” tiene la magia de actualizar el mito manteniendo el espíritu. La miniserie, que consta con tres episodios de 90 minutos en su primera temporada, muestra a un Watson recién llegado de Afganistán, con problemas para adaptarse a su nueva vida civil, que acaba compartiendo piso con un inadaptado y joven genio Sherlock Holmes, cuya pipa ha sido sustituida por parches de nicotina por culpa de las leyes antitabaco.
Por ahora solo he podido disfrutar del primer episodio, “Study in Pink”, donde hay que señalar los ágiles diálogos, el guión sencillo pero con giros interesantes y el magnífico sentido del humor inglés con el que guiña continuamente un ojo a todos los fans del personaje. Me he reído, he disfrutado, y la recomiendo sin duda alguna, tanto para los adictos holmesianos como para aquellos que solo quieren pasar un rato entretenido. Especialmente esto último me parece el mayor de los logros, también aplicable al de la película de Ritchie: por mucho que idealicemos el mito, no hay que olvidar que Conan Doyle creó al detective más famoso de todos los tiempos en un folletín literario dirigido a todos los públicos con un único motivo: entretener.
Espero poder ponerme próximamente con el siguiente capítulo de la serie, y espero con ganas que mantenga el ritmo y el nivel del primer episodio. También espero con ganas (y con algo de miedo ahora que las expectativas han subido) la próxima película de Guy Ritchie para ver a Robert Downey Jr encarnando a Holmes. Y, mientras tanto, tiraremos del actual tirón mediático para buscar una edición decente de las historias de Doyle. Porque las novelas que tengo en casa están muy, muy gastadas…
Más información sobre Sherlock| The blog of Dr. John. H. Watson.