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El gaitero del Día-D

Lunes, 17 de septiembre de 2012   //   Artículos, Bitácora  //  2 comentarios

My name is Billie Millin
I brave the norman shore
mortal shells, machine guns,
D-Day, 1944

Así comienza la letra de la canción de The Real McKenzies que me llevó a interesarme por curiosidad en la historia de Billie Millin, soldado de la segunda guerra mundial que se hizo famoso por liderar a su escuadrón de soldados escoceses utilizando como armas una gaita y un sgian-dubh. Nacido en Canadá pero criado en Escocia, tanto Millin como su comandante, Lord Lovat, tenían esa mezcla de valor y total ausencia de sentido común que no es extraño ver por esos lares, que en español vulgarmente se define con la frase “Con dos cojones y poco cerebro” y que en la Segunda Guerra Mundial dio lugar a historias tan increíbles como la del también escocés Jack Churchill, aka Mad Jack, quien participó en ella armado con su gaita, su claymore y un arco largo (con los que dio mucha guerra a los alemanes, todo sea dicho).

El caso es que Millin estaba contemplando el desembarco de Normandía -explosiones, tiroteos, gente cayendo, escenas dantescas- cuando recibió la orden de Lord Lovat de tocar la gaita al estilo de las antiguas batallas para guiar a los soldados. Esa práctica estaba directamente prohibida, pues con la nueva forma de hacer la guerra ya no tenía sentido e incluso podía resultar peligrosa, y Millin así se lo comentó a su superior. Pero Lovat, con esa flema tan propia de aquellas islas y haciendo honor al kilt -único en llevarlo durante el desembarco- respondió: “Ah, but that’s the English War Office. You and I are both Scottish, and that doesn’t apply.” O lo que es lo mismo: “Soy escocés, y esa ordenanza me la sopla”.

Millin enarboló la gaita, comenzó a tocar Highland Laddie. A su lado, los soldados recuperaban la moral, aunque no faltó alguno que lo calificó de “loco bastardo”. Más o menos, como los francotiradores alemanes que, hechos prisioneros, declararon después que no le derribaron pensando que estaba completamente desquiciado y que no merecía la pena gastar balas con él.

Millin sobrevió a la primera canción, y después a la segunda, Road to the Isles, aunque reconoció que el peor momento fue cuando se encontraba rodeado de heridos sin poder hacer otra cosa que tocar el instrumento. Finalmente sobrevivió al desembarco completo, hasta morir en 2010 ya anciano y recordado por muchos, convertido en leyenda. Sobre todo en Francia, donde sus gaitas se conservan en un museo dedicado al Desembarco y se yergue una estatua en su honor realizada con donaciones personales… de las cuales sólo 6 de 87 provinieron de Reino Unido.

Si se piensa detenidamente en la acción de Millin, lo cierto es que es difícil decidir si lo que hizo fue una estupidez absoluta o un acto memorable de valor. Lo cierto es que, de una u otra forma, resulta admirable la sangre fría de aquel muchacho de 21 años que se dedicó a la música en un momento tan terrorífico como aquel, y que es muestra de cómo hay momentos en que un símbolo apropiado puede hacer más que un par de manos más.

El gran deshielo del Cajón de Whisky

Martes, 03 de agosto de 2010   //   Artículos, Bitácora  //  Sin comentarios

Llevo tres semanas en las que el continente Antártico aparece y desaparece a mi alrededor en ese cúmulo de casualidades que tan a menudo nos sorprende en nuestra rutina diaria.

Hace un par de semanas mi máster de Cthulhu regresó tras una larga ausencia para retomar las aventuras de la expedición Starkweather-Moore en la campaña de rol Más Allá de las Montañas de la Locura (cuyo nombre empieza a tener sentido para nosotros, después de las pérdidas de salud mental experimentadas). Poco después llegó a mis manos un jpg en alta resolución con un precioso mapa de estilo antiguo que creo pronto decorará mis paredes, pese a estar escrito en alemán, con este lugar cada vez más familiar. Posteriormente, Guillermo del Toro confirmó en la Comic-con de San Diego que iniciaba este verano la preproducción de la película Las Montañas de la Locura, siguiendo las andanzas de la expedición de la Miskatonic en la novela de Lovecraft. Con James Cameron en la producción, todo un lujazo. Evidentemente, teniendo en cuenta lo cercanos que se han vuelto para nosotros -humildes PJ’s tras sus pasos- los futuros protagonistas de esa película, la alegría fue inmensa.

Y hoy, curioseando, me he encontrado con un artículo entrañable relacionado con otro personaje ligado a la historia de ese continente de hielo del que ya he hablado, con sincera admiración, en otras ocasiones. El asunto es que en enero de este año, trabajadores de la New Zealand Antarctic Heritage Trust han conseguido extraer, enterrado en el hielo antártico, el whisky del capitán Ernest Shackleton.

Shackleton, capitán de la expedición Endurance de cuyas fotografías ya hablé en su momento, abandonó durante la expedición Nimrod de 1909 cinco cajas de Whisky y brandy bajo el refugio de Cabo Royds. En 2006 fueron descubiertos por los miembros del Proyecto de Restauración del Patrimonio del Mar de Ross, en su trabajo de habilitar los refugios y bases de las expediciones antárticas. Desde entonces, han tenido que pasar cuatro años hasta que esas cajas espirituosas salieran a la luz.

¿Cual va a ser el destino del whisky de Shackelton, tanto tiempo olvidado en las más inclementes condiciones? Por ahora, permanecer bajo los cuidados de conservadores del museo Canterbury de Nueva Zelanda, que están tratando por todos los medios de descongelar de forma adecuada una muestra de la bebida, con todo el cuidado y el mimo del que un licor de más de 100 años es merecedor.

¡Eso sí que merece un brindis!

Más información en El Gran Deshielo del Cajón de Whisky.

Vía | Atlas Obscura

Las Minas de Naica

Sábado, 31 de julio de 2010   //   Artículos, Bitácora  //  6 comentarios

Surgen por los fluidos termales que emanan del calor provocado por el magma de las cámaras interiores. Gigantes cristales de selenita (hermoso nombre para una variedad bastante común de yeso) crecen hasta convertirse en una de las formaciones minerales más grandes del planeta. Algunos de más de un metro de diámetro, y 11 metros de largo. Bajo esas toneladas de piedra debe ser fácil sentirse un Axel Lidenbrock viajando al centro de la Tierra, incluso sin anciano geólogo o gigante islandés a tu lado.

Esta impactante maravilla natural, de todas formas, está bastante lejos de Islandia. Las minas de Naica se encuentran en México y no es un lugar fácil de visitar si no eres científico. No es muy complicado deducir por qué: 300 metros bajo tierra, 50º de temperatura, tremenda humedad y un acceso no demasiado fácil no las convierten en un agradable destino turístico, por no hablar del trastorno que podría provocar la actividad turística. Para más inri, la mina sigue en explotación, siendo una importante fuente activa de plomo, zinc y plata para la región.

Es bonito imaginarse la impresión que tuvo que causar la inmensa caverna a los dos mineros que, en el año 2000, se encontraron con el paisaje fantasmagórico de los cristales mientras cavaban un túnel rutinario.

Hoy en día, se considera las minas de Naica la Capilla Sixtina de los Cristales. ¡Qué apropiado que esté formada por lapis specularis!

Vía | National Geographic
Vía | Proyecto Naica

La Saga de Geralt de Rivia

Jueves, 03 de junio de 2010   //   Artículos, Bitácora  //  5 comentarios

Geralt de Rivia, la saga de novelas que he comentado, recomendado, devorado y disfrutado hasta la saciedad, ha terminado.

Como siempre, y como es seguro a más de uno le ha pasado, los buenos finales son agridulces y difíciles de olvidar. Y cuando ese final viene de una saga que llevas siguiendo años (los fans de Lost seguro que me entienden) más aún: siempre tienen algo triste, simplemente por el hecho de ser un final, y los enfrentas con algo de miedo, por la posible decepción que pueden suponer. Sin embargo, en este caso, esa espera y esa incertidumbre ha sido compensada de sobras.

Para los que no la conozcan, Geralt de Rivia es una obra de fantasía épica realizada por Andrzej Sapkowski, un maestro del lenguaje, y traducida por José María Faraldo directamente de su idioma original, lo cual no es moco de pavo. Sapkowski es conocido por reinventar su lenguaje de tal manera que sus expresiones se han convertido en parte del habla coloquial, y estamos hablando de polaco, así que conseguir una traducción de semejante calidad no debe haber resultado fácil.

La historia, además de ser agradable de leer, está formada por un juego de perspectivas temporales que consiguen mantener al lector en vilo a través de todas sus páginas. Nunca sabes cuándo lo que se cuenta es leyenda o historia, o cuando la historia o la leyenda es cierta, falsa o un simple rumor. Tan solo cuando la lectura baja a los pies de sus protagonistas entiendes realmente la historia, con sus humanos personajes; muy muy humanos tanto en lo bueno como en lo malo, que se ven enfrentados a situaciones límite enfocadas con un fino humor negro que no les resta dramatismo.

En estas novelas, Geralt es un brujo (Witcher), una mutación genética diseñada para acabar con monstruos asesinos, pero que a su vez vive aparte de de la sociedad por el miedo que él mismo provoca. La historia contará como la llegada a su cargo de Ciri, una Niña del Destino, cambia su vida y perspectivas radicalmente. Sin embargo, Ciri es mucho más de lo que aparenta, y fuerzas poderosas de muy diversos tipos lucharán por utilizarla y manipularla. Fuerzas que no cuentan con la decisión de Geralt y sus compañeros de proteger a la muchacha por encima de todo.

Una recomendación importante para los que lean esta saga es que dejen aparte los clichés. Geralt no es un héroe de brillante armadura, Ciri no es una niña inocente e incapaz de protegerse, y los personajes que pasean por la trama no siempre son lo que parecen, sino a veces mucho más. Sus figuras sirven de análisis y cruda crítica a la guerra, el hambre, la xenofobia, la violencia… de una forma tan realista como brutal, en la que sorprende cómo una historia de fantasía con vampiros, magos, espadachines y elfos puede reflejar tan fielmente las miserias de la condición humana y la difícil lucha de la bondad por sobrevivir, haciéndote sonreír con ello al mismo tiempo.

No es de extrañar en absoluto el éxito que Sapkowski ha tenido con estas novelas. Sus personajes rebosan carisma, sus aventuras son épicas y el trasfondo de toda la historia cala realmente en el lector. En Polonia ya es considerado una de las grandes plumas del país, y su obra ha sido adaptada (aunque con no demasiado éxito) a la televisión y (con una acogida excelente) al mundo de los videojuegos de PC.

El videojuego, The Witcher, ha tenido la virtud de permitir a los lectores de Sapkowski una inmersión total en el mundo a través de un juego varias veces premiado, de un cuidado diseño gráfico, con una historia absorbente y una magnífica banda sonora. De tal forma que ahora los fans estamos esperando una segunda entrega del mismo que esta vez se podrá encontrar también en consolas si nada lo impide.

Así que cruzo los dedos, porque después de la viciada de los libros, tengo muchas ganas de terminarme el primer juego y poder meterle caña a la xbox360.

Malkhut es simplemente Malkhut…

Domingo, 23 de mayo de 2010   //   Artículos, Bitácora  //  Sin comentarios

Para aquellos interesados en la buena literatura:

Causabon aguarda la noche del solsticio de verano escondido en el Conservatoire National des Arts et Metiers de París tras su cierre al público. Contemplando el Péndulo de Foucault, la larga espera le servirá para repasar los últimos años de su vida y tratar de encontrar un sentido a los acontecimientos que le han llevado a ese lugar. A partir de ahí se desvelará la historia de los protagonistas, sus deseos, pasiones e inquietudes, así como las teorías místicas y conspirativas que amenazan su vida en un siniestro complot.

Este es el resumen en pocas líneas del argumento de “El Péndulo de Foucault“, una obra de Umberto Eco que, a primera vista, podría parecer una más de esas novelas tan extendidas últimamente sobre templarios, descendientes de Cristo, Da Vinci, Illuminatti y derivados. Sin embargo, no hay nada más lejos de la realidad. Y resulta curioso cómo una novela de temática ocultista puede ser al mismo tiempo iniciática y anti-esotérica.

En El Péndulo de Foucault, Causabon cuenta entre flashbacks su investigación universitaria sobre los Templarios, la forma en conoce a Belbo y Diotallievi -empleados de la editorial ocultista Garamond-, y la desaparición de un autor que quería publicar una nueva teoría conspirativa sobre el tema; también cuenta sus experiencias en Brasil, donde conoce a Agliè, un misterioso caballero estudioso de la alquimia, la magia y el hermetismo; cuenta su regreso a Milán y su trabajo con Belbo y Diotallevi, realizando una selección de textos ocultistas para la editorial. Y cuenta como, movidos por el ocio y parodiando a sus clientes, los tres editores comienzan a diseñar “El Plan”, una síntesis de multitud de teorías conspirativas y esotéricas que ocultaría un secreto de máximo poder.

Sin embargo, ese Plan diseñado al azar -a través de datos informáticos aleatorios y de una mezcolanza teorías conspirativas, mitos alquímicos, esotéricos, templarios, científicos, mesiánicos, griales, masones, gnosticismo, cabalística, rosacruces…- comienza a tomar forma y poco a poco se va confundiendo la realidad con la ficción en un complot que amenazará la vida de los tres compañeros y que desembocará en la noche del solsticio.

Es difícil, de todas formas, describir exactamente la novela haciéndole justicia, ya que este resumen no es más que el hilo conductor de páginas y páginas llenas de reflexiones sobre el ocultismo, la vida, la psicología -casi disección- de los personajes y el misticismo, y de una gran documentación sobre todos esos temas, escrita por la mano de un filósofo experto en semiótica como es Umberto Eco. El resultado, tras pasar por todos los capítulos -estructurados como las sefirot del Árbol de la Vida- es una conclusión aplastante: que Malkhut es simplemente Malkhut, y eso es todo (y los que se lean el libro, comprenderán la belleza que existe en esta declaración).

Os aseguro que después de leer esta novela no volveréis a ver con los mismos ojos a Dan Brown y similares.

Los Acantilados de Moher

Sábado, 27 de marzo de 2010   //   Artículos, Bitácora  //  2 comentarios

- ¿Aún tardaréis mucho en llegar arriba?
- Si tanta prisa tenéis, podríais lanzarme una cuerda o una rama de árbol, u otra cosa que me fuera de utilidad…
- ¡Eso haré! Aquí arriba tengo una cuerda… pero no creo que aceptéis mi ayuda, porque yo estoy esperando para mataros.
- Me temo que entonces no podremos trabar amistad…

 Así hablaban Íñigo Montoya y el Hombre de Negro mientras éste último trepaba los temibles Acantilados de la Locura de “La Princesa Prometida”, al rescate de su amada Buttercup. Unos acantilados que eran el paradigma de los acantilados, encrespados, tortuosos y, sobre todo, altísimos.

En esta realidad, los “Acantilados de la Locura” se llaman los Acantilados de Moher (Aillte an Mhothair en gaélico, Acantilados de la Ruina), y son un hermoso paraje natural de pizarras y areniscas y una atracción de vértigo para aquellos que pasan por la verde Irlanda. Se extienden a lo largo de unos 8 larguísimos kilómetros, y llegan a alcanzar una altura de 214 metros sobre el nivel del mar, los más altos de Europa. Pero claro… los números no suelen decir mucho. El recuerdo de la pateada de ida y vuelta por buena parte de su longitud y la sensación que da asomarse al vacío ya es otra cosa…

Por mi parte, tuve suerte de ver los acantilados en un día invernal luminoso. A lo lejos se observaba con bastante claridad la Bahía de Gallway (cuyas ostras merecen mención aparte), y en la distancia se podían ver las Islas de Aran (Inishmore, Inishmaan e Inisheer), a pesar de un poco de brumilla que acompañó buena parte de la mañana y que me hizo maldecir a mi cámara de fotos en varias ocasiones (demasiado contraste, demasiado contraste).

La parte “turística” del paseo es bonita. Pero simplemente “bonita”. Junto al centro de interpretación se encuentra la Torre de O’Brien, una torre-mirador redonda construida en 1835 para atraer al turista victoriano. El resto del sendero sube por el límite de los acantilados hasta un punto donde se encuentra un pequeño homenaje a todos aquellos que perdieron su vida en aquel lugar y un cartel indicando el final de la zona turística. Pero, traspasando ese cartel, es cuando se pueden ver los acantilados en todo su esplendor. O, al menos, la parte que a mí más me gustó.

 Un caminillo de cabras discurre entre los campos y el borde del acantilado con unas vistas magníficas. Al fondo se atisba una pequeña torre, cerquita. Y, entre vuelta y vuelta por el serpenteante camino, la torre se acerca muy lentamente riéndose de tu percepción espacial y de tus pobres pies, que tienen que avanzar sobre terreno difícil y pedregoso en muchas ocasiones.

El sendero se puede describir simplemente con seis palabras: mar, cielo, roca, gaviotas, hierba y sol. Al final, una pequeña torre cuadrada de origen desconocido saluda, y entre rocas puedes descender un poco hacia el mar, descansar sobre una hierba mullida como un cojín incluso en invierno y ver como el sol desciende.

Sé que no es lo mismo que verlo en persona, pero para aquellos que quieran conocer el sitio a través de mi cámara, podréis encontrar unas cuantas fotos en mi galería de Picasa

Viaje al continente helado

Domingo, 17 de enero de 2010   //   Artículos, Bitácora  //  1 comentario

A principios del siglo XX, la Antártida era uno de los últimos grandes retos de la exploración que le quedaba pendiente al ser humano. Heredada tras un siglo de grandes descubrimientos, honrada e idealizada, a la figura del explorador decimonónico que recorría con escasos medios desiertos, junglas, mares, tormentas y calamidades, le quedaba ya poco por descubrir. No porque no quedaran misterios, sino porque los puntos claves, aquellos que introducirían su nombres en la Historia, en su mayor parte habían sido ya conquistados.Había pocos lugares significativos que quedaran por cartografiar, estudiar, recorrer y descubrir. Y, entre esos sitios, los dos polos de nuestro planeta eran los más inhóspitos e inaccesibles. De hecho, Robert Peary no alcanzó el polo Norte hasta 1909 y no fue hasta 1911 que Roald Amundsen alcanzara el Polo Sur.

Sin embargo, son muchos los hombres que se lanzaron a aquella aventura y protagonizaron relatos que pasaron a la historia como muestras de la tenacidad y voluntad de la humanidad y también, en otros muchos casos, de su arrogancia e insignificancia.

Los polos, las zonas árticas y antárticas, fueron el escenario de numerosas muertes, de difíciles victorias y de gestas que han pasado a la historia como auténticas heroicidades. Como las del capitán Lawrence Oates (la canción es un homenaje de Warcry), que sacrificó su vida por no ser una carga para sus compañeros en la malhadada expedición de Scott; o como el victorioso regreso de Ernest Shackleton y la expedición Endurance al completo tras pasar por la terrible experiencia de estar atrapados 22 meses en el hielo. (Expedición que pasó a la historia por las magníficas fotos que se tomaron durante ese periplo y que llevaron a la fama al fotógrafo Frank Hurley.)

Actualmente, la magia de los juegos de rol me está permitiendo, a través de una larga campaña de La Llamada de Cthulhu magníficamente llevada, recrear el espíritu de esas expediciones y viajar a un continente Antártico mucho más peligroso que el real, para intentar coronar con éxito Las Montañas de la Locura. O, al menos, intentar sobrevivir a ellas lo menos loco posible.

 

Un globo, dos globos, 40.000$…

Sábado, 05 de diciembre de 2009   //   Artículos, Bitácora  //  Sin comentarios

El 5 de diciembre de 1969, hace hoy 40 años, se conectaron cuatro ordenadores dentro de una red informática militar (ARPANET) formando lo que hoy se considera el génesis de la red de redes.

Aquello fue un proyecto militar, por supuesto. Hoy, la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa del Pentágono, DARPA, ha decidido conmemorar ese señalado aniversario, tras observar (y quién no) los cambios que Internet ha causado en la sociedad actual. Y ha decidido hacerlo con un curioso experimento, para comprobar realmente las capacidades de movilización, control de información, y ventajas tácticas que ofrece la Web 2.0 tal y como la conocemos. El premio: 40.000$ contantes y sonantes. El objetivo: localizar 10 globos rojos colocados por el Pentágono en distintos puntos de la geografía estadounidense.

Desde que se abrió el plazo, se han inscrito más de 1.900 usuarios de todos los continentes. Grupos de Facebook organizados, usuarios que van por libre, y todo tipo de individuos o gente con objetivos tanto económicos como benéficos, que tendrán que competir con todos sus recursos por un control estricto de la información, con posibles trampas de usuarios malintencionados, globos falsos, desinformación, hackers e intrusiones en servidores y correos… Vamos, una carrera de los Autos Locos informática por hacerse con el jugoso premio.

Por supuesto, todo esto servirá para poner a prueba los límites que se pueden obtener de esta sociedad de la información, su capacidad de movilización, organización y control de datos. Vamos a ver que se puede llegar a hacer con la Web 2.0…

Como no podía dejar de ser en un asunto de este tipo, se puede seguir el progreso del experimento en el canal de DARPA_news de Twitter, y encontrar toda la información en la web DARPA Network Challenge, desde la cual, aproximadamente a las 16:00h CET de hoy, se dará el pistolezato de salida.

Actualización:

Para aquellos curiosos, el día 6 de diciembre a las 02:36 el equipo del MIT ganó finalmente el desafío de los Globos Rojos. Todavía queda pendiente el estudio de DARPA para averiguar los métodos utilizados, que será bastante interesante… si sale a la luz, claro.

FYI, por si no os apetece leer el artículo entero, los 10 globos fueron expuestos el 5 de diciembre de 10:00 a 16:00, y como se ha podido comprobar, en menos de 24 horas fueron todos localizados con una precisión de grados, minutos y segundos, con menos de una milla de error. Esa localización le ha supuesto al equipo ganador un beneficio de 40.000$ contantes y sonantes.

Vía | DARPA Network Challenge Web

El Escorpión

Jueves, 26 de noviembre de 2009   //   Artículos, Bitácora  //  Sin comentarios

Ayer me “quejaba” de que no puedo pasar por una librería sin picar algo. ¿Será la solución dejar de acudir a esos lugares? Mmm… déjame que lo pienseee… ¡Ni de coña!Hoy he pasado por Taj Mahal para incrementar de nuevo mi biblioteca con el último volumen de Geralt de Rivia, “La Dama del Lago”. Sin duda, era una compra que ya tenía planeada y esperaba con ganas. Sin embargo, también he encontrado otra novedad que aguardaba (aunque con más paciencia). Y es el octavo volumen de la saga de comics “El Escorpión“, de Marini y Desberg: La Sombra del Ángel.

Hace años que sigo este comic de capa, espada e intrigas palaciegas, que lleva ya siete volúmenes en su haber (algunos mejores que otros, todo sea dicho). A pesar de que los últimos volúmenes habían bajado bastante de calidad para mi gusto, este vuelve a retomar el ritmo y la acción vertiginosa del principio, desvelando unos pocos secretos más sobre el pasado del protagonista y presentando una jugada conspirativa magistral y brillantemente hilvanada que te mantiene en vilo hasta la última página.

Para los que no conozcáis “Le Scorpion“, la saga cuenta la historia de un mujeriego saqueador de reliquias que se ve envuelto en una conspiración religiosa, en la que su pasado y herencia le convertirán en objetivo de uno de los cardenales más importantes del Vaticano. A partir de ahí, desde Roma hasta el Cairo, desfilarán multitud de personajes… cuyos intereses personales harán difícil su clasificación entre aliados o enemigos.

La obra es realmente recomendable, a pesar de sus altibajos. Sobre todo si te gusta la ambientación de capa y espada, eres admirador de Alejandro Dumas y juegas a 7º Mar
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